Ahora sí. Ya suficientemente respirados, henchidos de la belleza del lugar y con energías renovadas (y el chaleco salvavidas puesto), vamos a lanzarnos río abajo. Solo nos falta elegir sobre qué y a qué velocidad. Y eso dependerá de la prisa y de la necesidad que tengamos por llegar. Llegó el momento de aventurarnos a …



