Ya repuestos de nuestra desconcertante aventura con los belicosos monos borrachos, sin resaca y con el recuerdo de los acontecimientos que vivimos las últimas horas vívido e intacto, dejamos atrás la sabana salpicada con árboles de marula. El gigantesco monolito de granito –lo que vendría a ser una pedazo de montaña de piedra– al que …

