Propinas

Km 42.- Keto-precauciones y consejos

Rebosando adrenalina a chorros y ebrios de autoconfianza (aunque también aliviados de pisar por fin suelo firme, sin daños que lamentar) después de superar el mayor desafío al que este surtido grupo de keto-paracaidistas se hubiera enfrentado jamás, aterrizamos, unos con más salero que otros, cada uno donde el buen destino dispone, pero con todos los huesos intactos. La sinuosa línea que avistamos desde lo alto ha resultado ser un reluciente camino de baldosas amarillas, que cruza un vasto paisaje de prados verdes salpicados con florecillas silvestres. Cada pocas decenas de metros, hay pequeños mojones de hormigón con flechas pintadas (también amarillas), que ineludiblemente apuntan en la misma dirección. Parece que el siguiente paso es bastante obvio. Nos quitamos los paracaídas como buenamente podemos (unos con más habilidad que otros) y nos echamos a andar, cada uno a su propio ritmo y partiendo desde el mojón más cercano a su punto de aterrizaje, por nuestro camino de baldosas amarillas particular.

Aunque nuestro «yo y mis circunstancias» haga que cada garbeo por el mundillo keto sea único y singular, hay algunas señales que pueden aparecer a lo largo de nuestros itinerarios a las que todos deberíamos prestar la atención debida. Para la mayoría de quienes se aventuran por esta senda (y en la mayoría de sus circunstancias), las flechas de sus mojones señalarán siempre hacia adelante, pero ocasionalmente sí surge alguna que otra señal de STOP que desaconseja continuar (y que suele coincidir con aquellas situaciones en las que no se recomienda recurrir al ayuno tampoco).

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La primera señal de Prohibido el Paso es para aquellas personas que se encuentren por debajo de su peso, en riesgo de desnutrición o que presenten trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia. No deben aventurarse a probar el keto, ni tampoco el ayuno terapéutico, a menos que cuenten con el visto bueno y la supervisión continuada de un profesional de la salud (acreditado y colegiado, de los que pagan religiosamente su seguro de responsabilidad civil).

Tampoco deberían aventurarse solas por el mundillo keto ni ayunar aquellas mujeres que estén buscando quedarse embarazadas, incluso a pesar de su posible sobrepeso, porque la inevitable restricción calórica reducirá la conversión de T4 (la hormona tiroidea inactiva) en T3 (la molécula activa), lo que bajará el dial de su capacidad reproductiva, disminuyendo aún más sus probabilidades de concebir – esta última señal de Prohibido el Paso pasa a ser una de Conduzca con Precaución en el caso particular de aquellas mujeres que deseen ser mamás, pero convivan con un síndrome de ovario poliquístico o un trastorno hormonal, en cuyo caso mi humilde recomendación es que busquen asesoramiento personalizado. Tampoco se aconseja embarcarse por la senda de la dieta cetogénica (ni ayunar) cuando se está felizmente embarazada o lactando. El cambio de dieta (tanto por el considerable malestar físico propio de las primeras semanas – ese en el que nos sumen la célebre keto-flu y el síndrome de abstinencia del trigo y del azúcar, así como la impepinable reducción en la ingesta que la suele acompañar) puede ser fácilmente interpretada por nuestro cuerpo como una imponente fuente de estrés, cosa que ahora no conviene en absoluto (tanto tú, como tu retoño, necesitáis paz espiritual, mucho cariño y comer hasta saciaros). Ya llegará el momento de plantearse incluir un poquito de keto y de ayuno en nuestras vidas pero, ahora mismo, lo primero es lo primero (y es básicamente asegurarnos de que ni a ti, ni al bebé, os falta de nada).

Aunque la conveniencia de aventurarse por el mundillo keto (y su ratio riesgo-beneficio personal) debería ser cuidadosamente analizado para cada caso particular, sí está contraindicado ayunar cuando nos han extirpado parte del estómago o la vesícula biliar (sea por un cáncer de estómago, porque nos hemos sometido a una cirugía bariátrica para ayudarnos en la pérdida de peso o por cálculos biliares). En estos casos, nuestra alimentación debería pautarse en cantidades pequeñas varias veces al día, hasta seis u ocho según la capacidad estomacal o de digestión de grasas que tengamos. Así que cualquier estrategia que implique reducir nuestro número de tomas diarias (léase: las veces que comemos a lo largo del día), que es mismamente lo que implica hacer ayuno, no resulta buena idea.

Y como ya comentamos en el ketómetro 11 del keto para el cáncer, la caquexia (aquella desnutrición extrema, fatiga, debilidad y pérdida de peso – particularmente en forma de masa muscular, que a menudo acompaña a los cánceres difíciles) no supone una señal de Prohibido el Paso en la senda de la dieta cetogénica (la cetosis es antiinflamatoria y la caquexia es consecuencia de la inflamación sistémica causada por el tumor), pero sí trae una de Conduzca con Precaución iluminada con parpadeantes luces de neón, porque aventurarse por ella requerirá una monitorización médica constante. Y recordemos que los cánceres que presenten la mutación BRAF V600E (que se ve en todas las leucemias de células pilosas, del 60 al 80% de los carcinomas papilares de tiroides, el 50% de los melanomas, el 10% de los cánceres de próstata y también el 10% de los carcinomas colorrectales, así como el 5% de los mielomas múltiples), según dicta nuestro conocimiento a día de hoy, desaconsejan fervientemente la dieta cetogénica.

Y no son los únicos caminos con una señal de Prohibido el Paso. Existen algunas condiciones médicas congénitas severas y muy poco comunes que contraindican por completo una dieta alta en grasas (que se diagnostican habitualmente en la infancia temprana) porque o bien dificultan (o incluso imposibilitan) el uso de grasa como combustible a nivel celular (como la deficiencia primaria de carnitina), o bien que el hígado sintetice la poquita glucosa que necesitamos igual cuando no la consumimos, como la deficiencia de piruvato carboxilasa. Tampoco se debe seguir una dieta alta en grasa (a menos que haya un motivo de peso y un control médico exhaustivo detrás) si existen anormalidades en las lipoproteínas que la transportan por el torrente sanguíneo, como la hiperquilomicronemia (un trastorno genético que cursa con niveles exageradamente altos de triglicéridos y quilomicrones).

Y aunque quizás no nos encontraremos con señales de Prohibido el Paso, sí habrá alguna de Conduzca con Precaución, en los caminos de aquellos que convivan con algunos cuadros con los que es preciso ser especialmente cuidadoso y procurarse un asesoramiento previo y una monitorización médica continuada. Incluyen la insuficiencia renal o hepática, las pancreatitis, las resecciones gástricas o intestinales y en general todos los trastornos del sistema digestivo, además de la ubicua hipertensión (recuerda que la cetosis nutricional hará que te liberes de agua retenida, muy probablemente normalizando tu tensión arterial, pero la medicación que tomes no se enterará y seguirá a lo suyo).

También vale la pena mencionar algunos casos que requieren tanto un seguimiento, como un análisis pormenorizado de los potenciales beneficios versus los riesgos, en este caso, del ayuno (sea intermitente o no). Por ejemplo, cuando nos prescriben distintas medicaciones a lo largo del día o cuando debemos tomar según qué fármacos a ciertas horas, que se pautan precisamente en horarios específicos contando con que vamos a comer normalmente de cuatro a cinco veces al día. Algunos de ellos requieren un estómago lleno para ser absorbidos. De hecho, incluso algunos suplementos polivitamínicos van a necesitar que haya algo en el estómago. Si tomas vitaminas liposolubles, como la A, la D, la E o la K, pasarán por ti sin pena ni gloria, a menos que haya algo de grasita con ellas para disolverlas. Y si convives con una condición endocrina que requiera medicación, como la diabetes, o que afecte a la tiroides, como un hipotiroidismo, yo te diría que mejor busques asesoramiento o te informes obsesivamente antes de lanzarte. Es muy probable que tu tiroides agradezca cierta rutina en tus hábitos alimentarios, que puedas compaginar con la medicación. Y lo mismo diría para la ansiedad patológica. 

El ayuno puede aumentar tus niveles de cortisol, la hormona del estrés. 

Si vives en una ansiedad perenne o con niveles elevados y prolongados de cortisol por una causa somática (por una disfunción de las glándulas suprarrenales, por ejemplo, como el síndrome de Cushing, que a menudo aparece después de mucho tiempo tomando corticoides), el ayuno podría empeorar la situación. Ante la duda, busca asesoramiento personalizado. Igualmente, no está de más recordar que la cetosis nutricional es un estado fisiológico perfectamente compatible con una salud de hierro y también que los seres humanos hemos evolucionado ayunando durante horas o días sin mayores contratiempos (ni efectos secundarios adversos) pero, como casi todo en la vida, es una cuestión de balance: lo bueno y lo malo, el tira y el afloja, la cal y la arena, los festivales y el ayuno. Tendremos que encontrar ese codiciado equilibrio, que cambiará en función de nuestra edad, estado de salud y momento vital, según ese «yo y mis circunstancias».[1]

Y ya visiblemente extenuados y con la duda de si habremos elegido el camino correcto empezando a fraguarse en nuestra mente, oímos una palpitante música, cuyo volumen aumenta a cada paso que damos y que nos anima a seguir adelante a pesar de la fatiga y los recelos… pero no podíamos dar por terminada una maratón cetogénica sin dar un pequeño respiro a las pertinaces lacras que arrastra la cetosis entre sus detractores (que estoy segura tienen muy buenas intenciones, eso sí). 

La primera, es que «tanta proteína se carga los riñones». Y el caso es que ni el keto tiene por qué aportar más proteína que las dietas altas en carbohidratos, ni tampoco es más exigente con los riñones[2].  De hecho, no hay evidencia concluyente de que la dieta cetogénica sea en absoluto perjudicial para la función renal[3], sino todo lo contrario. Y cada día, más[4]

Y la segunda, es que «tanta grasa se carga el hígado, que además no ha evolucionado para pasarse la vida sintetizando cuerpos cetónicos, ni tampoco glucosa». Y aquí sí que hay un par de puntos que conviene poner majamente sobre las íes. Esta mala fama se suele apoyar en el incremento del LDL (si lo recuerdas del ketómetro 10 de la salud cardiovascular, era aquella lipoproteína de baja densidad, el llamado «colesterol malo», cuyos niveles podían efectivamente salir más altos en los análisis con una dieta cetogénica y provocar auténticos ataques de pánico). Lo que no solemos tener en cuenta es que este LDL que nos medimos en la sangre puede aumentar después de un tiempecito en keto, sí, porque su presencia se detecta… mientras que la de su primo chungo, el LDL oxidado y borracho de glucosa que promueve la aterosclerosis, no. Así que retomar la antigua dieta alta en glucosa y ver que tu LDL en sangre ha bajado, no implica que estás más sano (y tu hígado más feliz), no, sino que puede simplemente significar que ese LDL (que ha salido bien de tu hígado, igualico que el otro) se ha emborrachado con todo ese azúcar en sangre, lo que le ha hecho más vulnerable a la oxidación, en cuyo caso… ya no se detectaría en los análisis de rutina, porque ya no es LDL, sino LDL chungo y oxidado, que además pulularía por tu sangre haciendo de las suyas.

Y en cuanto a eso de que nuestro hígado no ha evolucionado para pasarse la vida sintetizando cuerpos cetónicos, ni tampoco glucosa… Me pregunto qué contestarían nuestros ancestros paleolíticos. Como no les puedo ceder la palabra, voy a escudarme en mi condición de vil nutri-psicóloga con ínfulas pero sin estudios de medicina y remitirme a un artículo publicado apenas comenzado el año 2022 en la supra-prestigiosa revista Nature, el medio científico más respetado del universo conocido[5]

Su título no puede ser más esclarecedor, porque reza La dieta cetogénica para las enfermedades humanas. Es una revisión de acceso libre que contiene más de veinte páginas repletas de fisiología y bioquímica extremadamente concisas y aclaratorias. Reto a todo aquel que suscriba la afirmación anterior a que se lo lea y lo rebata… si puede, que yo no. 

Y ahora ya sí… Por fin, después de correr como locos, saltar mil obstáculos, trepar montañas y deslizarnos ladera abajo, aventurarnos por terrenos sulfurosos, zonas volcánicas y sinuosas cavernas, detenernos a oler las flores y perseguir mariposas, recaer en viejos hábitos para después volver al redil, caminar bajo la lluvia, descender por ríos rápidos de aguas turbulentas, navegar por lagunas ancestrales, admirar majestuosas cascadas, soñar, vagar por el desierto, tropezar con las tentadoras mieles del oasis láctico-datilero, esquivar los apestosos proyectiles de los monos borrachos, reconciliarnos con el retrete, escalar, volar, lanzarnos en caída libre desde miles de metros de altura, bailar con el viento y darnos de bruces contra nuestro propio camino de baldosas amarillas particular, a lo largo de 42 inacabables ketómetros… 

¡llegamos a la línea de meta!

Pasmados y atónitos, nos vemos inmersos en una pedazo de fiesta de bienvenida que ninguno esperaba. Decenas de monos nos lanzan confeti al vibrante son del Himno de la Alegría, que casi enmudece ante el sonido abrumador de conmovedores aplausos y felicitaciones. Allí nos reciben el alegre piloto con su chupa de cuero, la hospitalaria beduina con tres camellos, el avezado capitán del barco «keto light sostenible», nuestro risueño pescador paleolítico de larga melena (que sigue desnudo, pero con yelmo vikingo), un espigado Masai de sonrisa radiante abrazando a ese ser querido que ineludiblemente se encarga de cocinar los banquetes familiares, nuestro intrépido elenco de keto-eminencias (cuya labor de divulgación incansable ha cimentado toda esta odisea) y la guía, con una mirada radiante de alegría y satisfacción que no logra disimular, de la mano de un apuesto príncipe de cuento de hadas… y parece que no es el tío que ideó el «casting para reina» del cuento metafórico-genético de Cenicienta, no. 

Es nuestro sapo.

Dime, ahora que conoces toda la historia, ¿te aventurarías a besar al incomprendido sapo de la dieta cetogénica? Afortunadamente, yo lo hice hace ya un montón de años. Y aunque hayamos tenido nuestros rifirrafes y desencuentros, logramos alcanzar juntos un equilibrio que no cambiaría ni por todos los croissants de chocolate del mundo.

Referencias de este «ketómetro»

(por orden de aparición)

[1] BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

Moore, J., & Westman, E. (2014). Keto Clarity. Disponible en Amazon.

Moore, J. (2019). Keto Clarity Cookbook: Your Definitive Guide to Cooking Low-Carb, High-Fat Meals. Disponible en Amazon.

[2] Oyabu, C., Hashimoto, Y., Fukuda, T., Tanaka, M., Asano, M., Yamazaki, M., & Fukui, M. (2016). Impact of low-carbohydrate diet on renal function: A meta-analysis of over 1000 individuals from nine randomised controlled trials. British Journal of Nutrition, 116(4), 632-638. https://doi.org/10.1017/S0007114516002178

[3] Mitchell, N. S., Scialla, J. J., & Yancy, W. S. (2019). Are low-carbohydrate diets safe in chronic or diabetic kidney disease? Annals of the New York Academy of Sciences, 10.1111/nyas.13997. https://doi.org/10.1111/nyas.13997

[4] Unwin, D., Unwin, J., Crocombe, D., Delon, C., Guess, N., & Wong, C. (2021). Renal function in patients following a low carbohydrate diet for type 2 diabetes: A review of the literature and analysis of routine clinical data from a primary care service over 7 years. Current Opinion in Endocrinology, Diabetes and Obesity, 28(5), 469-479. https://doi.org/10.1097/MED.0000000000000658

[5] Zhu, H., Bi, D., Zhang, Y., Kong, C., Du, J., Wu, X., Wei, Q., & Qin, H. (2022). Ketogenic diet for human diseases: The underlying mechanisms and potential for clinical implementations. Nature – Signal Transduction and Targeted Therapy, 7(1), 1-21. https://doi.org/10.1038/s41392-021-00831-w

En resumen…

«Si todavía gozas de un estado óptimo de salud, lo más probable es que puedas comer lo que te venga en gana durante una larga temporada más sin mayores consecuencias. Si no, pues no.»

Juro que mi objetivo era condensar mis años de estudio obsesivo y consulta privada en un «atlas abreviado» del keto, pero he fracasado estrepitosamente y me ha salido una densa biblia en verso. Y ya sé que algunos tramos se asemejan más a clases de historia que a sermoneos nutricionales, pero a mi favor diré que creo sinceramente que la única manera de encontrar una salida más o menos digna a este embrollo dietético es conociendo los entresijos de cómo nos metimos en él. Arthur Schopenhauer dijo que toda las verdades pasan por 3 fases: primero, son ridiculizadas, segundo, son violentamente opuestas y tercero, son aceptadas como evidentes. Y me atrevería a decir que esta está ya «a puntito de caramelo», de ahí el inmenso interés y la pasión que despierta. Confío en que así sea.  

Habrás notado que (aunque la evidencia efectivamente está ahí) mi sospechoso entusiasmo apunta a que no soy imparcial. Y es verdad, porque mi particular andadura por el mundillo keto me cambió la vida. Incluso me atrevería a decir que me la salvó. Así que un pelín sesgada sí que estoy, aunque tengo motivos «de peso pesado». Supongo que cuando una cabe en sus pantalones del instituto pasados los 40 y se despierta descansada y de buen humor, repleta de energía, con la piel impoluta, sin apenas bigote y presumiblemente libre de cáncer (y encima sabe que le espera una obscena tarta keto-friendly de chocolate negro para desayunar), es más fácil estar alegre (y difícil ser imparcial).

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