Llegamos al momento más dulce e irresistible de todo el itinerario. Ya felizmente aposentados a la sombra de las palmeras datileras que delataron la existencia de este idílico oasis a nuestro surtido grupo de keto-caminantes, algunos de nosotros sujetando satisfechos un trozo de queso y otros mostrando sonrientes un prístino bigote de leche de camella …