Resignados a nuestro destino, en el grupo de neo-keto-paracaidistas (que realmente desearía volver a calificar como «grupo de aviadores, escaladores, caminantes, navegantes e incluso hábiles esquivadores de certeras heces de monos borrachos») se respira un silencio sepulcral. Aunque la guía nos ha explicado calmadamente qué debemos hacer (y cuándo) para abrir el paracaídas y descender …